¿Por qué las víctimas de violencia de género no denuncian desde un primer momento?

Si quieres el artículo descarga aquí (53 descargas)

 

Se entiende como violencia de género “todo acto de violencia que resulte, o pueda tener como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”, según la OMS.

Un estudio realizado en distintos países (n=24.000 mujeres) por la OMS (2005) estima que hasta un 79% en Perú de las mujeres con edades comprendidas entre 15 y 49 años han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. En España, el porcentaje de mujeres maltratadas asciende al 9,6% (Instituto de la Mujer, 2007).

Señalar los factores de riesgo de la violencia de género es algo controvertido y difícil. Sin embargo, apoyándonos en la literatura, podemos afirmar que en el nivel socio-comunitario, el bajo nivel educativo, el bajo desarrollo económico del país, pocos derechos sociales, la falta de democratización del Estado, la cultura del honor y las culturas masculinas (con actitudes sexistas y favorables hacia la violencia en el país) son factores de riesgo confirmado empíricamente. En el nivel contextual e individual encontramos que tener bajos ingresos, tener menor edad, más hijos, la violencia recíproca hacia la pareja, la depresión, el miedo y el consumo de alcohol, se asocian a mayor riesgo de ser víctima de violencia por parte de la pareja íntima. Con menor consistencia, son factores de riesgo, las situaciones de guerra, el fundamentalismo religioso, la mayor duración de la relación y una menor satisfacción con la pareja, así como emociones como la culpa, vergüenza y otros factores como el embarazo. (Puente-Martínez et al, 2016).

Tras realizar una revisión teoríca sobre esta cuestión, queremos centrarnos en el aprendizaje y el fenómeno de la habituación, como una de las causas determinantes para dar explicación a la pregunta planteada. Según éste fenómeno la exposición repetida a cualquier grado de violencia, incluso los muy débiles, afecta y disminuye la conciencia crítica de percepción y de rechazo a la misma, distorsionando el umbral de tolerancia y constituyendo una especie de anestésico ante la propia violencia. Esta naturalización de los primeros incidentes violentos impide a las mujeres, por un lado, detectar la violencia que están padeciendo, y por tanto, poder abandonar la relación, y por otro lado, expone a la mujer, sin tener conciencia de ello, a graves secuelas sobre su salud física y psicológica. No podemos olvidar que ya los primeros incidentes de baja intensidad van provocando sentimientos de malestar en la mujer, con el consiguiente deterioro de su autoestima, sintomatología ansiosa y depresiva, confusión, impotencia, desesperanza, y miedo. Especial complejidad presentan las situaciones donde estas manifestaciones se confunden con conductas amorosas: posesividad, exclusividad, preocupación e interés por el otro, autoridad, celos, control… pueden ser experimentados con mucha ambigüedad. Estas situaciones no hacen más que confundir aún más a la mujer. Estos primeros incidentes, que ya desde el inicio van dañando el concepto que tiene de sí misma, anteceden siempre, y dan paso, a situaciones más graves. Gravedad que la mujer no podrá ver con claridad, al sufrir ya las secuelas del abuso. (Romero, 2004).

Por lo tanto, la violencia en la pareja que ocurre como un comienzo insidioso, sutil, se manifiesta en formas que no son catalogadas al principio como violencia porque entran dentro de conductas propias de las convenciones del género, que son por tanto invisibles y que van produciendo habituación. Cuando la violencia se produce de manera más evidente, el vínculo afectivo, íntimo, está ya establecido, un vínculo que se caracteriza por un apego fuerte que incluye tanto extremos de buen como de mal trato, que suele ocurrir en forma de ciclos que alternan episodios violentos con otros de calma que fomentan la esperanza de que la violencia no volverá a ocurrir. (Díaz-Benjumea, 2010).

Dejando a un lado la ya explicada habituación, no se deben olvidar las otras causas por las que la mayoría de mujeres tardan en denunciar. Algunas de ellas son:

Para Díaz-Benjumea (2010) tienen un gran peso las razones sociales y/o económicas, las motivaciones internas para adaptarse a este vínculo en vez de romperlo o defenderse adecuadamente de él. Incluyen reacciones de la mujer a estrategias puestas en práctica por los maltratadores, reacciones emocionales como el miedo, la autoinculpación, la disminución de la autoestima, la vivencia continuada de indefensión, combinadas con lo impredecible del estallido agresivo y con el aislamiento de la mujer. Todo esto se interrelaciona con la presencia en ella de creencias sobre su rol en los vínculos afectivos y sobre el amor romántico idealizado. El resultado es que la víctima va sufriendo progresivamente de una desactivación de los recursos de defensa que en otras circunstancias tendría, tal como ocurre en las situaciones traumáticas.

Garaizar (1998) toma en consideración la situación de tensión, la resignación/sumisión, la dependencia económica (sobre todo en lo que respecta a la protección de los hijos), el aislamiento social, la baja autoestima, la necesidad de afecto, la falta de recursos en habilidades sociales, y la incapacidad para tomar iniciativas.

No hay que dejar de lado la importancia de las emociones, Puente Martínez et al (2016) afirman que hay unas emociones más influyentes que otras a la hora de perpetuar relaciones de este tipo, éstas son el miedo, la culpa y la vergüenza.

Podemos afirmar que una gran parte de la violencia que sufren las mujeres en sus relaciones de pareja resulta invisible para la sociedad, y también para las propias mujeres maltratadas. Esto se debe, por un lado, a que la violencia se instala en una relación de una forma gradual e insidiosa cuyos inicios, de baja intensidad, son muy difíciles de detectar (el ya tan nombrado fenómeno de la habituación), y por otro lado a que muchos de esos comportamientos iniciales están naturalizados y no pueden codificarse como nocivos o peligrosos. Un factor importante de los aspectos naturalizados, ocultos, indetectables, que pueden dañar el bienestar de las mujeres, tiene relación con los mandatos de género para la identidad femenina tradicional, que atribuye una importancia fundamental a todo lo relacionado con lo emocional, con la responsabilidad en el mantenimiento de los vínculos, que puede llevarlas a vivir por, para y a través de los otros y postergándose a sí mismas. (Romero, 2004).

Habiendo desentrañado los mecanismos más generales que sustentan el mantenimiento del problema de la violencia de género en una relación, podemos señalar varias conclusiones:

Es necesario dar a conocer a la población los mecanismos de aprendizaje que vemos que posibilitan el mantenimiento de este problema. De esta forma, si cada vez un mayor número de personas conoce del fenómeno de la habituación, será más fácil su detección en el día a día y por tanto, las mujeres víctimas de violencia de género serán dotadas de una mayor capacidad de reacción (aunque influyan otros aspectos como los ya mencionados anteriormente, cuantas más herramientas tengan a su alcance para detectar el problema, más posibilidades tendrán de ser capaces de hacerlo frente cuanto antes).

Vemos necesaria también una mayor visibilización de lo que es la violencia de género desde sus escalas más bajas. Intentar que cada vez sean menos las mujeres que aguanten revisiones de su móvil, chantajes, órdenes o incluso empujones. Que se visibilice el problema implica que no se las juzgue cuando pidan ayuda o cuando comenten su problema con sus allegados, pues como ya hemos visto, es necesario un entorno que apoye a las víctimas para minimizar las consecuencias que desde un primer momento tienen estos abusos.

Pilar Solana Horche.

 

Bibliografía

  • Garaizar Arenaza, Mikel. Consideraciones sobre la figura del maltratador. 1998.
  • Romero, Inmaculada. Desvelar la violencia: una intervención para la prevención y el cambio. Papeles del psicólogo. 2004
  • Díaz-Benjumea, María Dolores J. Mecanismos psíquicos implicados en la tolerancia de las mujeres al maltrato. Un enfoque de subtipos de mujeres maltratadas. Aperturas psicoanalíticas. 2010.
  • Puente-Martínez, Alicia; Ubillos-Landa, Silvia; Echebúrua, Enrique y Páez-Rovira, Darío. Factores de riesgo asociados a la violencia sufrida por la mujer en la pareja: una revisión de meta-análisis y estudios recientes. Anales de Psicología. 2016.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Tenemos que avisarte de que...

...este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando, estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pincha el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies